Tengo 45 años, llevo 22 años en el mundo laboral y considero que no soy un Veterano ni un Rookie ya que, si todo sigue el curso natural de las cosas, se podría decir que estoy a mitad del camino. Aunque en mi opinión no creo que la experiencia dependa solo de los años de trabajo acumulados, ya que durante esos 22 años que llevo de vida laboral ha habido proyectos de pocos meses donde he aprendido muchísimo, y periodos más o menos largos en los que mi aprendizaje no ha sido tan fructífero (a veces lo único que el mundo laboral quiere de ti es que ejecutes lo que sabes hacer, de la mejor forma que te puedas permitir). Pero mi perfil, curioso e inquieto, me ha hecho recorrer caminos donde abundaban más esos proyectos llenos de aprendizajes que los de simple ejecución de los conocimientos ya adquiridos. Me va la marcha. Los retos. Enfrentarme a lo desconocido y, sobre todo, me gusta conectar cosas.

Y después de esta breve introducción que solo aporta un poco de contexto personal para los que no me conozcan, ¡vamos al lio!

En los últimos años vuelvo a escuchar que es mejor tener un perfil generalista. No es la primera vez. Y entre esos periodos también escuché que si querías llegar a algo en la vida (laboralmente hablando) tenías que especializarte. ¿En qué quedamos? ¿Me especializo en algo o me preocupo más por cultivar diferentes áreas de conocimiento? ¿Hay alguna opción que sea mejor que la otra? Y lo que de verdad llevo yo preguntándome muchos años, ¿realmente podemos elegir? Intentaré, no sé si responder, pero al menos si profundizar un poco en estas preguntas.

Hace unos 10 años me crucé con un libro, El Templo de la Ciencia, de Javier Tejada, Eduardo Punset y Eugene Chudnovsky, que me dejó muy claro que yo soy un corredor de pasillos. Obviamente el libro trata muchos más temas, pero mi recuerdo del libro es ese. Otro día hablaremos sobre como un mismo libro puede significar cosas muy diferentes para cada lector. Sigamos.

Y eso de ser un corredor de pasillos, ¿qué significa? Bien, recuerdo que en algún momento el libro describía la ciencia como un gran templo lleno de grandes salas de conocimiento (matemáticas, física, química, medicina…), y todas esas salas estaban conectadas por numerosos pasillos. También decía que había personas que, durante toda su vida, se dedicaban a estudiar una de esas salas de manera minuciosa, buscando en cada pequeño rincón cualquier cosa que les ayudara a profundizar en la materia.

Otros, sin embargo, eran corredores de pasillos. Su vida era ir de sala en sala curioseando, conversando con los habitantes de las mismas para aprender todo lo que habían descubierto, y contándoles lo que otros estaban haciendo en el resto de las salas del templo para, después de una más o menos breve temporada, coger el siguiente pasillo para llegar a la siguiente sala. Y así hasta no dejar un pasillo sin recorrer y no perderse una sola conversación con esos grandes expertos que habían decidido pasar toda su vida en una sola de las salas.

No solo estoy de acuerdo con la metáfora, sino que además creo que me sirve para intentar empezar a responder a las preguntas que formulaba hace unas líneas. No creo que sea mejor ser especialista o ser generalista. Ambas son igual de importantes en el avance del conocimiento, aunque estoy de acuerdo en que hay momentos en los que una es mejor que la otra, y viceversa. Luego volveré sobre esta idea, pero antes quiero tratar de responder a la pregunta de si podemos elegir lo que queremos ser (generalistas vs especialistas). Creo que no, pero no es un no rotundo. La vida está llena de grises y de matices.

Creo que por nuestra personalidad, por nuestras capacidades y probablemente por algunas cosas más, todos tenemos una tendencia natural hacia uno de estos dos perfiles. Tendencia que no podemos elegir, nos viene de serie. Y además, como acabo de comentar en el párrafo anterior, no creo que uno sea más importante o necesario que el otro.

Pero lo que si podemos hacer es gestionarla. En ocasiones tendremos que, por circunstancias ajenas a nosotros, desplazarnos hacia uno de estos dos perfiles. Y tendremos que aprovechar cuando ese desplazamiento sea afín a nuestra tendencia natural, y tratar de sobrevivir de la mejor manera posible cuando sea hacia el otro lado. En un mundo ideal no sería necesario, pero como tenemos la fea costumbre de querer tener un techo y poder llevar un plato de comida caliente a la mesa (entre otras cosas), según las demandas del mercado laboral no nos quedará otra que adaptarnos.

Lo que quiero decir con esto es que, si bien todo el mundo puede habitar cualquiera de estos dos perfiles, la tendencia natural hacia uno u otro que tenemos cada uno de nosotros nos hará brillar cuando la situación actual coincida con nuestra tendencia, y nos hará sufrir y tratar de sobrevivir cuando vaya en la dirección opuesta. Si, soy muy de grises, no creo en los absolutismos ni en las falsas dicotomías.

Retomemos la idea que había dejado a medias sobre si un perfil es mejor o más necesario que el otro. Sobre si es mejor ser especialista o ser generalista. Aunque creo que todavía puedo reflexionar un poco más sobre esta idea, mi tesis actual es que cuando aparece un gran cambio en el mercado (como fue internet en el pasado y como está sucediendo y sucederá en el futuro más próximo con la Inteligencia Artificial), ser generalista ofrece ciertas ventajas.

Hay cambios que hacen tambalear el status quo, que agitan todo tanto que hay que replantearse las cosas y buscar nuevas formas de proceder. Son fases donde la incertidumbre es alta y el conocimiento bajo, donde priman las nuevas ideas, la creatividad, conectar cosas viejas con los nuevos descubrimientos para crear cosas nuevas. Y aquí los generalistas serán tan felices como útiles.

Por otro lado, cuando estos nuevos descubrimientos, estos cambios, se asientan y de alguna forma se empiezan a popularizar, entonces la especialización empieza a ser necesaria otra vez para profundizar en esas nuevas rutas, esos nuevos mapas que estos cambios han puesto sobre el tablero de juego. Y no solo profundizar, sino también optimizar, investigar cada detalle en busca de la máxima eficiencia. Exprimir hasta la última gota.

En mi humilde opinión, creo que es un proceso iterativo que va alternando entre una cierta predilección por uno u otro, siendo siempre ambos muy necesarios, pero no siempre igual de prioritarios ni igual de demandados. Una suerte de sigmoides contrapeadas que van intercambiando su liderazgo.

Podría dejarlo aquí, ya que más o menos creo que se entiende lo que quería comunicar. Pero, y esto me sirve para ilustrar una última reflexión, todavía podemos sacar algún tono más de gris. Como todo en esta vida, la cosa va de equilibrios y de gradientes.

Atendiendo a una distribución normal muy poca gente será (o tenderá a ser) 100% especialista o 100% generalista. Habrá quien dedique su vida a profundizar en 2 o 3 cosas diferentes, y quien la dedique a profundizar, aunque en menor medida, en varias decenas de cosas. Y como por mucho que lijes una moneda siempre tendrá dos caras (siento no recordar dónde escuché esta frase por primera vez, pero me encantó y me “adueñé” de ella), no importa tanto a que grupo pertenezcas, como lo bien o mal que lo gestiones.

Si eres de quedarte en una sala toda la vida pero de repente, por algún motivo, esa sala deja de tener valor, puedes encabezonarte y seguir en ella (perdiendo cada día más valor) o buscar una sala cercana en la que, partiendo de tu conocimiento previo, volver a empezar un viaje de profundidad en una nueva materia. Y esto es aplicable no solo a personas sino también a las empresas.

Por otro lado, si eres corredor de pasillos pero no pasas el tiempo suficiente en ninguna de las salas que conectan, corres el riesgo de convertirte en un generalista poco útil. En un vende-motos. Y esto también aplica a las empresas.

Lo que quiero decir con esto es que, aunque nuestra tendencia natural es etiquetar las cosas, el mundo real es más un gradiente que una serie de categorías. Y si bien tiene ciertos beneficios a la hora de comunicarnos, su uso y aplicación al pie de la letra puede llegar a limitarnos.

Si tu tendencia natural es hacia la especialización, aprovecha las épocas donde esta sea la más demandada, pero no te olvides que en algún momento tu sala puede que deje de ser útil, necesaria o demandada, y que quizá no sea mala idea darte un paseo de vez en cuando por alguna de las salas más cercanas a la tuya. Y a ser posible no esperes a que tu sala “muera” para darte ese paseo por los alrededores. El timing es mucho más importante de lo que mucha gente piensa, y encontrar el momento adecuado para hacer las cosas es en mi opinión una gran virtud.

Y si eres de los que les encanta recorrer pasillos yendo de una sala a otra sin parar, aprovecha también esas épocas donde ser generalista tenga más valor, pero no te olvides que si corres demasiado y no profundizas ni tan siquiera un poquito en ninguna de las salas, por muy generalista que seas, tu valor será más bien escaso.

Resumiendo, y tratando de poner un poco de orden (si es que has llegado hasta aquí y no has abandonado por mi caótica forma de pensar y de expresarme), no hay balas de plata. No hay perfiles mágicos ni hay soluciones perfectas. Todo cambia a medida que el mundo avanza, y el mundo solo dejará de avanzar si algún día desaparece.

Aprender a conocerse a uno mismo es más útil que perseguir las modas. Asumir que habrá circunstancias en que tus preferencias sean un acelerante y otras en las que sean un limitante. Y que, si no estoy muy equivocado, atravesarás varias fases de cada una a lo largo de tu vida. O si peinas canas como yo, ya lo habrás hecho. Y lo seguirás haciendo.

No se puede luchar contra los elementos. Tratar que el mundo encaje con nosotros es una pérdida de tiempo y energía. Entender que habrá momentos en los que seremos más útiles, otros menos; que habrá momentos en los que estaremos más cómodos, otros menos; y así con unos cuantos adjetivos contrapuestos más, es en mi humilde opinión la clave para, no tener éxito, que eso muy relativo, sino quizá no estar todo el día con la sensación de que siempre llegamos tarde a todas partes y no hacemos más que correr detras del balón como cuando jugábamos al futbol en el patio del colegio.

No me gusta el futbol, pero creo que puede ser una metáfora fácilmente entendible para todo el mundo. Si eres defensa rara vez tendrá sentido que pases del medio campo. Si eres delantero pocas veces tendrá sentido estar a menos de 5 metros de tu propia portería. Saber cuál es tu sitio, ese en el que aportas más valor y te sientes más cómodo, y dejar que cada uno actue en consecuencia en cada momento del partido, lejos de ser una solución perfecta (que no creo que existan), si creo que puede ser funcional. Y, por poco que eso pueda parece, creemé si te digo que para muchos, solo eso ya sería un gran avance.