El sentido común ya no es suficiente
Por qué el sentido común tradicional se queda corto en un mundo cada vez más complejo
Siempre me ha hecho gracia la frase “el sentido común es el menos común de los sentidos”, y si bien he estado muchos años de acuerdo con dicha afirmación, llevo un tiempo pensando que ya ni siquiera importa. Y no importa porque ya no es suficiente. Voy a intentar explicarme de la forma más ordenada posible, pero ya os adelanto que no tengo muy claro si seré capaz de conseguirlo.
El pensamiento semilla de esta reflexión que lleva un tiempo dando vueltas en mi cabecita loca es que la velocidad a la que avanza el conocimiento lleva ya bastante tiempo muy por encima del límite que podemos soportar. Todo, absolutamente todo, se está volviendo mucho más complejo. Y dicha complejidad no hace más que crecer. Y cada vez nos cuesta más gestionarla.
El conocimiento y la razón son para mi algo muy importante, la base para intentar entender cómo funcionan las cosas. Sin embargo, desde hace unos años los veo también como un arma de doble filo. Tengo la teoría de que, a medida que aumenta el conocimiento y la capacidad de razonamiento de la humanidad, disminuye la del individuo. Hay millones de ejemplos que podría utilizar para intentar defender mi teoría, espero haber elegido uno más o menos adecuado.
Imagina por un momento que retrocedes 10.000 años en el tiempo. ¿Qué sé sabía en aquel momento de la nutrición? Probablemente poco más o menos que saber distinguir si comer algo era o no venenoso. ¿Y hace 1.000 años? Quizá ya supiéramos algo más, como que algunos alimentos eran más o menos nutritivos que otros. ¿Y hace 100? ¿O hace 10? ¿O el año pasado? Incluso hace unos pocos meses estoy seguro de que ha habido nuevos avances, que habremos descubierto algo nuevo, o habremos desmentido algo que creíamos cierto hasta entonces. Algo que quizá vuelva a desmentirse mañana con un nuevo descubrimiento.
Vamos a dejar de imaginar y a situarnos en el presente. Hoy. Lo que sabemos hoy sobre nutrición es increíble, pero es demasiada información como para poder ser procesada de forma única y veraz. Y por supuesto es demasiado grande como para que una sola persona lo sepa absolutamente todo. Demasiados detalles, demasiadas interacciones, demasiada complejidad.
Abro aquí un paréntesis para incluir una referencia a un gran vídeo de Javi Santaolalla sobre la entropía que me parece que, aunque es un poco friki, puede ayudar a entender todo este berenjenal al que todavía estoy intentando dar forma.
HOY SÍ que vas a entender la ENTROPÍA (youtube.com)
Todo en la vida es cuestión de probabilidades. Todavía recuerdo como si fuera ayer el primer día de clase de Química Cuántica de la carrera en la que el profesor, después de una breve presentación, nos dijo (más o menos) la siguiente frase: “en esta asignatura voy a intentar explicaros que, si corro muy muy muy rápido en dirección a la pared, hay una probabilidad no nula de que consiga atravesarla”. Obviamente éramos alumnos de primer año y esto era solo una forma de hablar para que empezáramos a pensar de forma un poco diferente (y supongo que también una forma de romper el hielo y llamar nuestra atención, cosa que por nuestras risas consiguió sin lugar a dudas). Era un gran profesor, ¡en todos los sentidos!
Pero hasta ese momento yo nunca había escuchado eso de “probabilidad no nula”, y por algún motivo llamó mi atención. No voy a ponerme en modo matemático hardcore así que como siempre pido perdón si simplifico algo en exceso. La idea que quiero transmitir es la siguiente: la tendencia natural de las cosas es que sucedan de más a menos probable. Esto es algo bastante fácil de entender y que Javi explica muy bien y de forma muy sencilla en el vídeo, pero la cosa se complica cuando hablamos de números tan grandes que no somos ni tan siquiera capaces de imaginar. Y también si dichos números no son lo suficientemente grandes.
Si algo tiene una probabilidad del 1% de suceder, sucederá 1 de cada 100 veces. Si tiene una probabilidad del 37% sucederá 37 de cada 100 veces. Si tiene una probabilidad del 97% sucederá 97 de cada 100 veces. Sencillo, ¿verdad? Si, pero no. Para empezar, esto que acabo de decir y que parece obvio (sentido común), no es del todo cierto. Siendo algo más rigurosos, para que esto se cumpliera tendríamos que partir de números un poco mayores. Si algo tiene una probabilidad del 1%, puede que no suceda nunca en las 100 primeras veces, y suceda 2 veces en las 100 siguientes. Y la probabilidad seguiría siendo del 1%, ya que ha sucedido 2 de cada 200 veces. Pero en las primeras 100 no ha sucedido ninguna vez y en las siguientes 100 ha sucedido 2 veces. Y esto es así porque la probabilidad no es determinista (es, como su propio nombre indica, probabilística). Y esto quiere decir que, si repetimos un experimento un número suficiente de veces, al final se acabarán cumpliendo, en promedio, las probabilidades conocidas.
El problema es que ese número suficiente de veces, para poder acertar siempre, tendría que ser infinito. La probabilidad es una gran herramienta de análisis de la información, y una muy mala herramienta de predicción del futuro. Por desgracia no tenemos otra, ni creo que la tengamos nunca.
A ver si consigo reconducir un poco todo esto. A medida que avanza el conocimiento aumentan las posibilidades. Volviendo al tema de la nutrición, pasamos de un “me mata” o “no me mata” de hace 10.000 años (dos posibilidades), a un “este es mejor alimento que este otro, pero peor que aquel” de hace 1.000 años (unas cuantas posibilidades, pongamos 10 o 12), a necesitar toda una vida para intentar comprender y diseñar una dieta perfecta con el conocimiento que tenemos a día de hoy (miles o millones de posibilidades). Porque además, como suele pasar con todo en esta vida, no podemos analizar las cosas de manera aislada. ¿Una dieta perfecta para quién? ¿Cuál es su genética? ¿Su estilo de vida? Resumiendo, ¿cuál es su contexto? Y es que a medida que vamos avanzando en la comprensión de las cosas todo se complica, y no hay leyes universales deterministas más allá de pequeños reductos de la ciencia más académica.
¿Y dónde está el problema? Pues el problema que genera todo esto es que, por evolución, nuestro querido cerebro tiende a simplificar lo que no consigue comprender. Y ya hace años que una sola persona no es capaz de comprender todo lo que conocemos, ni siquiera de un pequeño nicho de conocimiento, y eso nos lleva irremediablemente a simplificar. Simplificar mucho. A diario.
Siendo estrictos esto siempre ha sido así, pero cada vez se hace más evidente y la diferencia entre lo que conocemos y lo que no es cada vez mayor. Y esto me lleva otra vez al vídeo de Javi, donde casi al final nos dice lo siguiente: “la entropía puede interpretarse también como una medida de la información perdida por la evolución de un sistema”. Y dado que la entropía siempre crece en un sistema aislado (según la termodinámica), es decir, en ausencia de energía que no pertenezca a nuestro sistema, la información siempre decrece con la evolución del sistema.
Creo que va siendo hora de intentar cerrar, por supuesto simplificando, toda esta amalgama de ideas a priori inconexas. ¿Por qué digo que el sentido común ya no es suficiente? Porque cada día que pasa nuestro sistema (la humanidad) no deja de evolucionar. Porque cada descubrimiento que hacemos por un lado nos acerca más a la verdad, y por otro nos aleja un poco de nuestra capacidad para comprenderla. Porque irremediablemente todo, absolutamente todo, se complica cada vez más. Y no nos queda otra que seguir simplificando. Y con cada simplificación que hacemos perdemos información. Y es en esa información perdida donde vamos acumulando nuestros errores.
Lo más gracioso es que lo único que podemos hacer es aceptarlo. No queda otra, es por diseño. Cuanto más conocemos del mundo más tendremos que simplificarlo para poder seguir con nuestras vidas, y más errores cometeremos en nuestras predicciones. Predicciones que por otro lado no podemos evitar hacer, ya que también es algo que llevamos por diseño en nuestro comportamiento. De forma más o menos consciente, cada acción que realizamos, cada decisión que tomamos lleva asociada una predicción, y elegiremos la que con más probabilidad se acerque a nuestros objetivos, deseos o intenciones. Probabilidad que cada vez será más difícil de calcular, y que aun siendo fácil tampoco sería la más eficiente como ya comentaba al principio de este post.
Aprender a vivir con dudas, abrazar la incertidumbre como algo inherente y asumir que, lejos de dejar de hacer predicciones, tendremos que hacerlas pero fallaremos inevitablemente en muchas de las mismas. Y además, en mi humilde opinión, los aprendizajes de estos errores serán cada vez menores. Son tiempos difíciles para la verdad. Siempre lo fueron.
P.D. Soy plenamente consciente de la cantidad de cosas que me dejo fuera de este pequeño análisis de barra de bar. Desde el impacto que esto tiene en nuestro día a día, hasta como la inteligencia artificial puede acelerar todavía más todo este proceso. Una vez más mi intención con este post no es otra que, lejos de tener razón, intentar poner orden a algunos pensamientos recurrentes que habitan en mi cabeza. Dedicarles un poco de atención e intentar pensar en ellos de forma menos superficial. Y, con un poco de suerte, que a alguna otra cabecita loca después de leer todo esto, le apetezca conversar sobre el tema. Estaré encantado de hacerlo si así sucede. No arreglaremos el mundo pero será divertido intentar, cuanto menos, comprenderlo un poco mejor.