Sobre mí
Curioso por naturaleza. Me gusta entender cómo funcionan las cosas.
Esta sección es un poco más personal, dentro de lo profesional, por si quieres conocerme un poco mejor y saber o entender cómo he llegado hasta aquí.
Siempre he sido bastante curioso. Me gusta entender cómo funcionan las cosas. Me parece útil y divertido. Por algún motivo que intentaré racionalizar a continuación decidí estudiar Ciencias Químicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Creo que en parte fue para satisfacer esa curiosidad de entender el mundo. Tenía 17 años cuando tomé esa decisión así que es posible que también fuera un poco por azar, o por descarte. Lo que sí tengo claro es que no lo hice buscando una salida profesional. Por aquel entonces no pensaba en esas cosas.
Cuando terminé la carrera empecé a trabajar como programador. La mayoría de Químicos, Físicos y Matemáticos acabábamos en el mismo sitio. Era donde más trabajo había y no nos costaba demasiado aprender a programar. Personalmente empezó a gustarme mucho y empecé a estudiar, por primera vez en mi vida y de forma totalmente voluntaria y apasionada, todo lo que podía sobre programación y todo lo que rodeaba a ese nuevo mundo que acababa de descubrir.
Hasta ese momento siempre había estudiado por obligación, y por inercia. Pero sin sentido. Al menos yo no se lo veía. Y además era la primera vez que yo podía elegir qué quería estudiar, cuánto profundizar en cada tema y cómo hacerlo. Y eso me hacía muy feliz. El problema es que como ya había empezado a trabajar tenía que hacerlo fuera del horario laboral. No sé cuántas noches me quedé hasta las 3 o las 4 de la madrugada leyendo documentación o haciendo pruebas. Durante varios años. Casi a diario.
Lo bueno, aparte de que me gustaba mucho hacerlo, es que a medida que iba aprendiendo mis posibilidades dentro del mundo laboral empezaron a expandirse. Fui cambiando de equipo, de empresa, y la verdad es que, modestia aparte, conseguí llegar bastante lejos y tuve la suerte de participar en muchos proyectos tan interesantes como divertidos. Y también me comí bastantes marrones. No todo era tan bonito.
Al final llegué a ser Arquitecto de Software para un proyecto bastante grande a nivel internacional. Podría decirse que, sin separarte del mundo técnico, era lo más alto que se podía llegar. A partir de ahí o intentabas mantenerte pivotando entre proyectos similares o te metías en gestión. Y eso era algo que nunca me había interesado.
El giro hacia las personas
Pasaron 3 o 4 años hasta que empecé a replantearme algunas cosas. Los mayores problemas que teníamos en los proyectos no venían de la tecnología. Eran las personas, el comportamiento humano, el que movía la balanza a uno u otro lado. Y eso empezó a llamar mucho mi atención. Poco a poco empecé a cambiar los libros de programación por libros de comportamiento humano. Y me volví a enamorar.
Siempre había sentido curiosidad por el ser humano. Dentro de la carrera me especialicé en bioquímica. La parte que más me gustaba de la Química era la que tenía que ver con la vida. Recuerdo que el primer libro técnico que leí fue con unos 15 años, en el instituto. El mono desnudo, de Desmond Morris. Un estudio etológico del ser humano. Me lo leí para hacer un trabajo de ética porque no era muy amigo de la lectura y era el único de los libros de casa que llamó mi atención. Me pilló el toro y tuve que hacer trampas: centré el trabajo en un solo capítulo justificando que era el que más me había gustado. Funcionó. Saqué un 9. Ya con el trabajo entregado terminé el libro y me encantó, y es posible que fuera la primera semilla de mi actual pasión por el comportamiento humano.
Decía que empecé a cambiar mis libros de programación por libros sobre comportamiento humano. Gestión del tiempo, metodologías de trabajo, productividad, creatividad, trabajo en equipo, liderazgo… Seguí con la economia del comportamiento, sesgos, antropología, sociología, y al final me meti de lleno en la neurociencia para seguir entendiendo y aprendiendo todo lo que pudiera sobre el comportamiento humano. Cualquier cosa que pudiera ayudarme a entender mejor cómo nos comportamos, tanto a nivel individual como social, era y sigue siendo bienvenida. Siempre desde un punto de vista lo más científico posible, aunque esto no siempre es fácil con las ciencias sociales.
Aunque me gustaba mucho el mundo técnico y me lo pasaba muy bien programando, empecé a meterme en gestión para poder aplicar las cosas que iba aprendiendo. Y una vez más, aunque no todo salía siempre perfecto, salía mejor de lo que yo, hasta ese momento, estaba acostumbrado a ver. Y ya por aquel entonces me había enamorado de la mejora continua, así que para mí eso era más que suficiente.
Curiosidad transversal
Seguí profundizando durante muchos años. Y sigo haciéndolo a día de hoy, aunque he tenido épocas en las que me he desviado y he terminado aprendiendo cosas bastante random. Con el tiempo empecé a tener una visión mucho más amplia del aprendizaje, y adquirí un gusto mucho más transversal. Amplié mis inquietudes y para satisfacerlas terminé haciendo cosas como sacarme el título de Quiromasajista para entender cómo funcionan nuestros músculos y nuestra biomecánica. Me encanta el deporte, siempre lo he practicado y, mientras me lo pueda permitir, siempre lo haré. Y unas cuantas cosas más como acabar trabajando como fotógrafo/videógrafo una temporada... Perdón, vuelvo a irme por las ramas.
Eso si, por mucho que me guste aprender cosas nuevas, al final siempre vuelvo al mismo sitio. El comportamiento humano y la tecnología. A nivel cognitivo se podría decir que son mis dos grandes pasiones. Y por eso llevo los últimos 3 años inmerso de forma bastante intensa en todo lo relacionado con la Inteligencia Artificial. Tanto a nivel técnico como el impacto que tendrá en las personas. Nadie sabe qué va a pasar, pero hay algo que tengo claro y es que esta nueva tecnología no se parece a nada con lo que nos hayamos enfrentado antes. Y la potencia que tiene (o llegará a tener) es increible. Pero también sabemos que la potencia sin control...
Escribir, mi aficción más intermitente
Creo que la primera vez que empecé a escribir fue en la adolescencia, en papel. Y luego he tenido varios blogs a lo largo de mi vida. No es algo que haga de manera continuada, pero al final, cuando necesito pensar despacio, cuando necesito reflexionar, evaluar mis propias creencias... escribir me ayuda a poner orden mental en mi cabecita loca.
Utilizo la escritura precisamente para eso, como una forma de hablar conmigo mismo y de intentar encontrar la esencia de las cosas, las abstracciones, incluso profundizar e intentar ver segundas y terceras derivadas. La escritura para mí es algo que, según en el momento de la vida en el que esté, es muy necesaria. Y aunque de pequeño era bastante tímido, con el tiempo aprendí a compartir esas cosas que escribía, y la verdad es que probablemente tuviera que haber empezado antes porque me ha traído conversaciones súper interesantes.
Si te apetece saber más sobre mi trayectoria profesional, o echarle un vistazo a alguna de esas reflexiones, puedes echar un vistazo a mi experiencia o contactar directamente y tomarnos un café (puede ser virtual, claro).